Capítulo 1 – Break Scan
Capítulo 1

“Suéltame”

Unos ojos rojos, visibles a través del brillante cabello dorado, me miraban fijamente.

“N-no quiero”

“Sabes que resistirte no servirá. Te romperás el brazo”

Lo sabía, pero si lo soltaba, él me arrastraría hacia adentro. Pensando eso, de manera inconsciente, mordí con fuerza mi labio inferior. Ante eso, soltó mi muñeca y me atrajo hacia él por la cintura.

“¡Eek!”

Antes de que pudiera protestar, mi frente chocó contra su amplio y firme pecho. Al mismo

tiempo, su gran mano sostuvo y acarició suavemente mi cabeza para tranquilizarme.

“Eres linda, pero deja de ponerme a prueba”

Di un rápido paso atrás y lo miré con furia.

“Tengo prometido”

“No importa. A partir de mañana ya no lo tendrás.”

Dijo algo tan absurdo con total despreocupación que tuve que preguntar otra vez.

“¿Qué? ¿por qué?”

“Va a morir más tarde”

¡¿Qué demonios estás diciendo, lunático?!

“Por ahora, solo nos tomaremos de la mano y dormiremos”

Se quitó la corbata con brusquedad mientras decía las cosas más increíbles. ¿Acaso este hombre siquiera entendía el concepto de la decencia?, la corbata azul zafiro cayó al suelo al mismo tiempo que mi corazón. Cada vez que otro botón de su camisa se abría, podía sentir cómo mis mejillas se enrojecían más. Una risa leve escapó de sus labios mientras observaba mi reacción.

“Si quieres, iré más despacio”

“No quiero nada”

“Bueno, bueno, ya veremos. Te tentaré, así que aguanta”

“¡Yo no—…!”

‘¿Quién estaba tentando a quién? ¡Dije que no!’

Sin embargo, desabrochó con destreza el resto de su camisa, y su respiración apremiante que cayó sobre mi nuca se sentía caliente.

“Deja de retorcerte, me estás excitando”

“¿Eh?, espera un—…”

“No vas a ir a ninguna parte. He decidido que voy a tenerte”

¿Por qué este hombre se estaba comportando así conmigo?, la persona con la que debería haber estado obsesionado no era yo, ¡sino la protagonista femenina!, ¿me había confundido con otra persona?

‘Maldito loco. Suéltame.’

———- ❆ ———-

Así que, hace medio año, morí. Mientras iba camino a casa después de haber pasado cuatro noches seguidas sin dormir—gracias a mi jefe loco que borró mis archivos—, fui atropellada por un Porsche.

¡Bang!

Y luego, oscuridad. Cuando abrí los ojos, inexplicablemente me encontré sentada

dentro de un carruaje extraño.

“¡¿Eh, Ehhh?!”

Sobresaltada por las extrañas vibraciones del carruaje en movimiento, miré a mi alrededor con confusión. Pero antes de poder comprender mi situación, quedé cautivada por la

increíblemente hermosa mujer frente a mí. La mujer de aspecto inocente, con el cabello castaño, pulcramente arreglado, me miraba con una expresión preocupada.

“¿Latienna?, ¿estás bien?”

‘¿Latienna?, ¿me estaba hablando a mí?’

“¿Qu-quién eres?”

“¿Qué ocurre?, ¿aún no estás completamente despierta?, soy Ivy” explicó para acotinuación sonreír con alegría y agarrarme del brazo, en ese momento los pensamientos comenzaron a arremolinarse en mi cabeza mientras todo regresaba de golpe, a todo color.

“¡…!”

‘¡Es una locura! ¡De ninguna forma!’

Un sudor frío recorrió mi columna y la piel se me erizó por completo mientras mi

tez se volvía fantasmalmente pálida. Esto no era una vida en otro mundo tras ser atropellada por camion-kun; ¡esto era una vida en otro mundo después de ser atropellada por porsche-kun!

Recordé la historia porque era una novela que estaba leyendo justo antes de morir, mientras

esperaba a que cambiara el semáforo en el paso peatonal. Era una novela para público adulto, llena de angustia, titulada “¡Huye, Santa Doncella!”, y tenía como protagonista a Ivy Violet, la “Gran Santa”.

Ivy, que creció en un orfanato rural, manifestó sus poderes de sanación y viajó al templo. Y desde allí, se encontró con los protagonistas masculinos, y diversos acontecimientos se desarrollaron. Tenía una ambientación de harén inverso con un final poli amoroso en el que Ivy se quedaba con todos los protagonistas masculinos. Bueno, excepto uno. El villano completamente chi-fla-do, para ser exactos. Había cuatro candidatos a protagonista masculino, pero debido a la gravemente desquiciada caída en la oscuridad del villano, la historia terminó con solo tres de ellos.

Y mi papel en esa novela era…

“El color de tu cabello es tan hermoso. Es como el color de los cerezos en flor”

Como Latienna Marigold, una extra con cabello color flor de cerezo que la castaña Ivy envidiaba. Latienna, que había hecho una breve aparición en la parte inicial de la historia, era amiga de Ivy del orfanato y también poseía poderes de sanación como ella. Sin embargo, tras ingresar juntas al templo, tomó un camino completamente distinto al de Ivy, la protagonista. A diferencia de Ivy, que tenía un poder de sanación abundante, la habilidad sanadora de Latienna era algo ambigua. Esto llevó a que fuera manipulada de diversas maneras, lo que finalmente resultó en su muerte tras perder todos sus poderes. A pesar de ser una extra con nombre completo, no tenía esperanzas ni sueños.

Y recordé cómo había sido el último momento de Latienna. Ivy, que había estado lidiando entre los protagonistas masculinos, había ido a la habitación de Latienna en busca de consejo y la encontró colapsada en un estado semimomificado. Y así,

“¡Mi amiga está muerta!”

Eso fue todo…

Y la respuesta de los protagonistas masculinos hacia ella fue…

“Olvida las cosas sin importancia”

“Encontrarás consuelo abrazándome esta noche”

“Me tienes a mí, y eso es suficiente”

Eso fue todo.

¿Me estás jodiendo?, ¿yo solo era una extra sin ninguna influencia en la historia?, ni siquiera tenía un rostro… ¡solo era una extra con un cabello bonito!, y para colmo, era un final de muerte en el que simplemente me desplomaba y moría. ¡Como una momia! 

Reprimiendo mi creciente resentimiento lo mejor que pude, me volví hacia Ivy y pregunté:

“Debo de seguir medio dormida. Así que, Ivy, ¿adónde nos dirigimos ahora mismo?”

“¿Eh? Vamos de camino al templo, ¿recuerdas?”

¿Así se sentía que te dieran una bofetada verbal en la nuca?

Me aferré a mi estado mental que se desmoronaba y pregunté de nuevo.

“¿A-ahora mismo?”

“¿De verdad estás bien?, bueno, debió de haber sido agotador estar atrapada en el carruaje durante tres días. Aguanta un poco más. Llegaremos al portal en dos horas. Desde allí, podremos llegar rápidamente a la capital.”

‘¡No! ¡Si voy a la capital, estoy perdida!’

Al mirar por la ventana, vi que el carruaje atravesaba un bosque denso lleno de árboles. Tras respirar hondo, apreté los puños y miré a Ivy con una expresión decidida.

“Ivy, ¡te deseo un ‘felices para siempre’!”

“… ¿Qué…?”

Tener una pierna rota habría sido mejor que morir. Abrí la puerta del carruaje en movimiento y salté sin dudarlo.

“¡Wahhhh! ¡Latienna!”

¡Rodar, rodar y rodar!

Rodé miserablemente entre los árboles, produciendo un sonido sordo como el de un mortero rodando por un asentamiento en una ladera. El carruaje se detuvo, y vi a los paladines y a Ivy buscándome. Sin embargo, contuve la respiración y permanecí tan inmóvil como un cadáver. Afortunadamente, el carruaje se marchó no mucho después. Lo que el templo quería era a Ivy; yo no era más que un personaje de relleno.

‘De verdad pensé que iba a morir allí.’

Pero eso también quedó en el pasado. Desde entonces, encontré trabajo en una fortaleza remota en la parte oriental, muy lejos de la capital. El señor de la fortaleza era

extremadamente retraído. No conocía su rostro ni a qué se dedicaba exactamente. Todo lo que sabía era que era extremadamente rico, pero también un ermitaño algo enfermizo. Gracias a un señor así, no había otros sirvientes además de mí, así que la única persona que veía era el repartidor que traía las provisiones una vez cada pocos días.

“¿No te sientes sola trabajando sola?”

“Un poco, pero está bien”

Lo evadía de manera vaga cada vez que Smith, el repartidor, me lo preguntaba. ¿Sola?, ¡si claro!, era el trabajo más cómodo del mundo. Lo único que tenía que hacer era preparar un desayuno sencillo, realizar un poco de limpieza básica y quitar el polvo. Y aun así, el sueldo era 1,5 veces mayor que en cualquier otro lugar. Al ser una fortaleza antigua, seguramente habría muchas tareas si me ponía a buscarlas, pero no había nadie que me regañara, aunque no trabajara, ni nadie que se entrometiera, aunque fuera lenta. ¡Era verdaderamente una vida sanadora disfrazada de ladrona de sueldo! Gracias a eso, el dinero en mi cuenta bancaria se había ido acumulando, y mis planes para el futuro avanzaban de manera constante. Si todo iba bien, debería poder abandonar el imperio pronto. Siempre y cuando nada saliera mal.

———- ❆ ———-

“…”

“Mi señor, ¿ocurre algo…?”

La rutina de esta casa nunca había cambiado. Al menos, no en los últimos tres meses. Me despertaba a las ocho de la mañana, servía el desayuno en una bandeja frente a la habitación del señor a las nueve en punto, luego hacía las tareas domésticas por el castillo y, finalmente, me retiraba a mi habitación a las diez de la noche. El señor revisaba el desayuno que le llevaba y, al cabo de un rato, metía la bandeja en su habitación. Luego, alrededor de las once de la noche, dejaba la bandeja vacía en el pasillo. A pesar de su carácter retraído, el señor salía de su habitación y se mantenía activo entre las once de la noche y las cinco de la mañana. Dado el mobiliario escaso de un castillo carente de gente, incluso los sonidos más pequeños se propagaban con claridad en medio de la noche. Tras seguir el rastro de sus pasos y escucharlo con atención durante las primeras semanas, llegué a una conclusión. Ese hombre era un ratón de biblioteca. Porque sus pasos, cada vez que salía de su habitación, se dirigían sin falta a la biblioteca situada en el extremo derecho del castillo.

La habitación del señor estaba al extremo izquierdo del largo pasillo, mientras que la mía se encontraba en el centro. Esta disposición me permitía tener una mejor comprensión de sus movimientos. En cualquier caso, el señor pasaba la noche en la biblioteca y regresaba a su habitación antes del amanecer. En ocasiones, incluso dejaba lo que solo podía considerarse rastros de una hemorragia nasal a lo largo del pasillo. Era un ratón de biblioteca enfermizo, con sangrados nasales, que apenas podía arreglárselas para comer una vez al día. Le había puesto todo tipo de etiquetas a la ligera. Al principio, tenía miedo porque no sabía qué estaba tramando. Pero ahora empezaba a preocuparme si no escuchaba sus pasos a la hora habitual, porque algo podría estar mal.

“No puedo creer que tenga que depender de sus pasos para determinar si está muerto o vivo”

Sin embargo, hoy tuve que depender de la bandeja de comida. Me quedé mirando fijamente la bandeja, con el ceño fruncido por la confusión. Espera, ayer, ¿escuché sus pasos al amanecer?

Me dirigí rápidamente a la biblioteca, preocupada de que el señor se hubiera quedado dormido o se hubiera desplomado allí. Pero la biblioteca estaba completamente vacía.

Las dos de la tarde.

La bandeja seguía donde estaba.

Las tres, las cinco, las siete, luego las nueve. Fui a comprobar de manera intermitente, pero la bandeja seguía allí, sin moverse.

“…”

No podía estar muerto… ¿o sí?

La ansiedad me invadió. Pero tampoco podía abrir la habitación del señor a la ligera. Eso era porque el contrato de trabajo estipulaba: “no abrir la puerta bajo ninguna circunstancia”.

Finalmente, el reloj marcó las diez. Solo una hora más, y sería el momento en que el lord se activaba.

‘Por favor, que estés bien y te muevas, mi amo ermitaño’

Aunque solo fuera una comida al día, podía haber días en los que no tuviera apetito debido a su fragilidad, ¿no?, quizá este era uno de esos días en los que no tenía apetito. Deseé sinceramente que hoy fuera uno de esos días y apagué las luces. No pasaron ni cinco minutos cuando resonaron unos pasos suaves, y abrí los ojos de par en par.

¡Así que estaba vivo!, ¡maldito ermitaño!, ¡lo sabía!


Finalmente, una gran sonrisa se dibujó en mi rostro mientras el alivio me inundaba.

‘Pero… ¿por qué se está moviendo a esta hora?’

Intrigada por aquella actividad más temprana de lo habitual, abrí la puerta con cautela y salí al pasillo.

Creeeek.

Primero miré hacia la izquierda, donde se encontraba la habitación del señor. Pero no había nadie allí, salvo la luz de la luna que entraba por la gran ventana e iluminaba el corredor. Entonces giré la cabeza hacia el lado opuesto.

Y entonces…

“¡Wuahhhhh!”

Grité con todas mis fuerzas y me quedé completamente paralizada. Un hombre solitario se alzaba en medio del pasillo. Su capa negra ondeaba, y en su mano sostenía una larga espada negra que brillaba tenuemente. Estaba cubierto de sangre espesa y roja de pies a cabeza. Bajo la intensa luz lunar, su rostro apuesto, su cabello dorado reluciente y sus enloquecidos ojos carmesí se veían con absoluta claridad. El hombre, envuelto en una aura gélida, me observó con una sonrisa burlona y escalofriante.

“Ups, parece que he sido atrapado.”

‘¿Eh?’

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