Trazando Estrellas – Break Scan
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Trazando Estrellas

— ¿Estás celoso?

Pregunta su hermana junto a él. Ambos yacen recostados sobre la cama en silencio y bajo la tenue luz de la tarde, él con un tomo de nigromancia abierto sobre sus muslos y ella acurrucada entre el hueco de su cuello, trazando constelaciones en su espalda. Las sabanas se deslizan por la anatomía de su gemela, enseñando la piel tostada de sus clavículas dónde descansan numerosas marcas que, está seguro, desaparecerán por la mañana.

La cuestión detiene su lectura, es entonces que levanta la mirada hacia los ojos de su hermana. Yukino lo observan y lo escudriña con morbo sin importar la herida abierta de la cual sulfura su molestia.

Al ser prácticamente aislados en el mundo feérico, ningunos de los dos había relacionado la ropa como una necesidad básica en su rutina. Eran hijos de Silvanus dios de la naturaleza ¿Cómo podrían faltar al respeto al cuerpo que Dios les había dado usando algo tan incómodo como lo era la ropa?

O al menos eso se preguntaba antes, ahora, todo era diferente. De haber sido un pecado, el habría sido castigado desde el primer segundo que las miradas de todos en la arboleda se incrustaron en ellos.

Yuzuru todavía podía sentir vestigios del asco trepar por su esófago mientras recordaba como el resto de los druidas los observaban, muchos con curiosidad, otros con escepticismo pero hubo algunos que a pesar de no saber si representaban una amenaza o no para la comunidad, se atrevieron a volcar sus deseos en la imagen de sus cuerpos desnudos.

Ser testigo de como su hermana era objeto de las fantasías de unos desconocidos le hacía hervir la sangre ¿Cómo se atrevían a siquiera mirarlos de esa manera? No era simples bestias merodeando por el bosque, no eran como ellos, eran más, su hermana era más que una ensoñación que prometía placer.

Así que estaba podrido, decepcionado, asqueado, no celoso.

Llegó a este mundo buscando conocimiento, la razón por la que su alma estaba ligada a la sangre derramada sobre un pacto que no podía romper, no aún. No venía desde tan lejos a cumplir las ilusiones de calentar una cama y mucho menos permitir que su hermana juegue el papel de un doncella sumisa en busca de diversión.

El simples recuerdo le hace apretar la mandíbula con fuerza, tensión qué no pasa desapercibida por su hermana, la cual sigue esperando una respuesta pero el libro en sus manos no le ofrece nada que pueda servir a la causa, nada más que el silencio de sus páginas prohibidas.

Entonces Yukino contesta por él.

Yuzuru deja salir un suspiro cuando los dedos de su gemela descienden por sus caderas trazando círculos y patrones. La anticipación florece en su pecho mientras Yukino besa sus costillas y sube hasta que es el turno de ella salpicar de rojo y morado la extensión pálida de su hombro y cuello.

Sus labios pronto encuentran su boca. Un vaivén de caricias que encienden sus instintos más bajos, sus cuerpos se funden nuevamente, encajando a la perfección como piezas separadas y dispuestas a unirse, como debe ser, como siempre ha sido.

Él se encargará de que nada de eso cambie, jamás.

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